sábado, 18 de noviembre de 2017

Ya en la segunda parte de aquel partido el Atlético retomó el encuentro

Señoras y señores, ha llegado la hora, el tiempo ya no se hará más de rogar, en el horizonte se vislumbra, ya se puede ver la orilla de una larga espera, en breve comenzará la conquista de nuevas tierras, de nuevos desafíos, nuevos retos, nuevas calles y callejones; un nuevo clima se respira en la Liga Santander, ha llegado la hora del cambio y de un nuevo look. Sí, efectivamente las palabras que mejor resumen lo que está a punto de acontecer son "nuevo" y "cambio", un nuevo derbi en un cambio de estadio: el Wanda Metropolitano.

Los rivales son viejos conocidos, se saben de memoria cada arruga y cada cicatriz que tiene su oponente, cúal es el punto débil y cuáles son los puntos fuertes (muchos en ambos casos), estamos hablando de dos vecinos que se conocen de toda la vida, que viven pegados casa con casa, pero que cada día empiezan el día intentando medir más que el otro y presumiendo de sus colores como si fuesen los mejores del mundo; son dos vecinos muy presumidos, alguno con más experiencia en ciertos casos que el contrario, pero ambos tienen mil batallas que contarse el uno al otro sin obviar las que han luchado entre sí, que no son pocas ni poco importantes precisamente.

Pero no son enemigos, no, ser rivales significa luchar por un mismo objetivo y darse competencia, algo que lleva sucediendo toda la vida, Ver Barcelona vs Leganes 2017 EN VIVO
pero dentro de la competición saben y recuerdan que a fin de cuentas siguen viviendo el uno al lado del otro y reconocen que el uno no sería lo mismo sin el otro y viceversa, aunque no quite que en el terreno de juego se dejen la vida y la sangre.

Son tiempos convulsos los que ambos están viviendo, el vecino de la bata blanca de andar por casa se encuentra un poco resfriado, un poco cojo cuando anda y además tiene alguna que otra bombilla fundida en el pasillo, pero se siente con confianza de lograr sus objetivos, y lo más importante es que está tranquilo, su situación en la competición doméstica no es la esperada a inicios de temporada pero sabe perfectamente que no está todo perdido, sobre todo teniendo que enfrentarse al vecino en menos de lo que canta un gallo. Al otro lado del muro, son los colores rojiblancos los que colorean su hogar, y no necesita nada más, lo ha dejado bien claro, pero aún así sigue teniendo sus problemas, ya que tampoco se encuentra mucho mejor que el vecino en la competición común, y en sus viajes por europa se encuentra bastante apurado, temiendo la situación de no poder volver por aquellos lares cuando llegue el próximo año, aunque nada está asegurado todavía a estas alturas.

Son dos competidores natos que llegan algo heridos, pero si de algo hay que estar seguro es que ambos sabrán taparse sus rasguños y harán sufrir al rival hasta el punto de desfallecer en el esfuerzo si es necesario, son mucho más que tres puntos los que se van a jugar: Hay honor, hay orgullo y mucho amor propio, valores muy importantes que se pondrán en juego en un nuevo escenario pero con el mismo contenido, en un estadio llamado Wanda Metropolitano.
Pero, ¿entonces dónde se jugaban los otros derbis?

No hace mucho tiempo, estos momentos se vivían en otro sitio, era ya un lugar un tanto antiguo, tenía ya más de 55 años cuando se le tuvo que abandonar y se mudaron sus propietarios. Era un estadio bastante imponente, se escuchaban los rugidos de las bestias cada vez que se paseaba por sus pasillos, por sus vestuarios, el olor de su césped aún tiene recuerdos de las noches de fútbol rojiblanco donde su afición disfrutaba y animaba a sus jugadores sin que importase lo que estuviese ocurriendo en el partido. Eran noches inolvidables, y no hace tanto tiempo desde las últimas que se vivieron, en el Vicente Calderón.

Era el último partido en liga entre ambos equipos, los dos lo sabían: iba a ser el último derbi en el Calderón en liga y no podían fallar en su acometido de encontrar la victoria que pusiese la guinda al pastel, ninguno de los dos. Todavía no ha hecho ni un año desde entonces pero se recuerda como si hubiese pasado ayer, el Real Madrid llegaba líder en solitario en liga y tenía la enorme oportunidad de aventajar casi definitivamente al Atlético de Madrid con una distancia de nueve puntos, eran aún fechas tempranas pero tantos puntos pesan mucho siempre. El Atlético lo sabía, pero dolorosamente no pudo hacer nada ante un partido majestuso de un Isco que por aquel entonces ya había enamorado definitivamente a Zidane (aunque aún no se lo había dicho, ese momento llegaría más adelante), aunque si de alguien es necesario acordarse de aquella noche es del de siempre, de Cristiano, él solo anotó todos los tantos del partido, uno detrás de otro como en fila india y nada pareció poder detenerle, es a lo que tiene acostumbrado al mundo entero, a demostrar su valía, decisión y contundencia en las citas más importantes, y aquella noche lo era.
Cristiano pasó como una apisonadora. | Foto: Daniel Nieto (Vavel)
Cristiano pasó como una apisonadora. | Foto: Daniel Nieto (Vavel)

Consiguió un hat trick de los que se recuerdan, de los que hacen mella en el rival y que hacen que su nombre quede gravado en letras de oro en las vitrinas del Real Madrid, unas letras de oro que quizá también se encuentren en el próximo balón de oro, pero eso ya es otra historia. Primero lo hizo de falta, rondaba el minuto 22 del encuentro y se encontraba algo lejos, pero algo pasó por su cabeza, como si de la demolición de un muro se tratase, se llenó de confianza y valor para el golpeo y el muro que antes había derribado en su cabeza, lo derribó de nuevo tratándose esta vez de la barrera rojiblanca, hizo aguas, hubo un hueco por donde atravesó el balón y finalmente besó las mallas rojiblancas ante un Oblak que solo pudo ser testigo de una historia que ya se había contado varias veces.

Ya en la segunda parte de aquel partido el Atlético retomó el encuentro pareciendo que se iba a llevar el gato al agua, presionando la salida de balón de los blancos y ahogando su juego, el Atlético no estaba dispuesto a rendirse en lo que significaba el último enfrentamiento ante su vecino en su propia casa en liga, Griezmann lo intentaba con centros al área pequeña desde la banda izquierda cuando podía y Carrasco con algún que otro lanzamiento lejano intentaban tapar el agujero que hizo el primer gol de Cristiano que estaba provocando inundaciones en el Manzanares.